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13 de julio de 2006

Amores que matan

La forma de acabar con la violencia doméstica, uno de los mayores riesgos para la salud femenina, no es construir más centros de acogida sino someter a los agresores a un tratamiento.

El Mundo - Salud y Medicina
Por MYRIAM LOPEZ BLANCO

En Delhi, India, cada 12 horas muere una mujer quemada por su marido. La rocía con queroseno y la prende como una antorcha. Después denuncia el hecho como un accidente o un suicidio. ¿El motivo? Que la dote ofrecida por los padres de la novia no se consideró suficiente. Así, matándola, puede ir a buscar otra mujer, con otra dote con la que sobrellevar unos cuantos años más su pobreza. Parece difícil de creer, y sin embargo no es mucho peor que el comportamiento que persiste en el resto del planeta. El problema del maltrato a la mujer no tiene fronteras culturales y está tan aceptado por la sociedad que a las víctimas no les ha quedado más remedio que resignarse.

En España, entre enero y octubre del año pasado murieron 75 mujeres a manos de sus maridos y se produjeron más de 20.000 denuncias por malos tratos, según informes del Instituto de la Mujer, procedentes de la Guardia Civil y de la policía. Se estima que sólo el 10% de los abusos llega a denunciarse. Hace poco que se investiga la violencia doméstica, pero los estudios ya han demostrado que es la principal causa de daño a la mujer y cada vez figura más como la responsable de enfermedades crónicas físicas y mentales.

También existen hombres maltratados, tanto heterosexuales como homosexuales, y relaciones entre lesbianas donde hay agresividad, pero no son la norma. Se estima que el 95% de las víctimas de la violencia doméstica es mujer, por eso los autores de los estudios siempre se refieren al agresor como él y a la víctima como ella.

Este grave problema de salud femenina es el más fácil de prevenir porque no depende del avance de la ciencia sino de la situación de la mujer en la familia y en la sociedad. Sin embargo, poco o nada se está haciendo para hacerle frente. La Justicia criminal no ha resuelto el problema y los centros de acogida sólo pueden ofrecer refugio temporal a las víctimas.

Por eso, los especialistas en violencia doméstica creen que -mientras llega el cambio de las normas sociales- la solución a este problema está en manos de los médicos. Aunque para ello también los profesionales de la salud han de cambiar su mentalidad.

El doctor Daniel Brookoff y su equipo del departamento de Educación Médica del hospital Metodista de Memphis (Tennessee) observaron que muchos médicos residentes culpaban de su situación a las mujeres que acudían a la consulta quejándose de llevar 15 años aguantando las palizas de sus maridos.

"Decidimos sacar a estos estudiantes por la noche, como acompañantes de la policía, para que viesen cuál era la realidad. Después, les dejábamos un rato a solas con las mujeres y los niños, e incluso con los maridos, para que comprendiesen mejor el problema", ha relatado a EL MUNDO el doctor Brookoff. "Mis estudiantes se deprimieron mucho pero ahora entienden la situación y cuando llega una víctima a su consulta no la reciben con agresividad sino que le ofrecen esperanza y consuelo. Le ayudan a encontrar las fuerzas para buscar una vida sin violencia".

Los resultados del estudio de Brookoff, publicados en el Journal of the American Medical Association (JAMA) del 7 de mayo de 1997, desvelaron que la mayoría de víctimas de la violencia doméstica no suele buscar ayuda médica o psicológica, a pesar de los continuos ataques de su pareja.

En EEUU, así como en otros países, ya se ha empezado a entrenar a los médicos para que sepan detectar la agresividad en la vida de sus pacientes y para que prescriban la solución adecuada. Leer noticia completa...
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