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13 de julio de 2006

Patadas en el alma, reflexiones sobre violencia de género

No he podido evitar incluir en este blog una breve introducción al impresionante artículo de opinión sobre violencia de género de Gloria Martín, leído en su blog Carta de Ajuste. Lectura recomendada.

Por Glomar
A.F.J. no son más que unas siglas, pero podrían ser perfectamente bajo las que se oculta el nombre de otra nueva mujer asesinada a manos de su pareja. Cualquier mañana de estas las podríamos encontrar encabezando los titulares de los periódicos, añadiendo una víctima más a esa lista negra maldita de la que forman parte ya 62 muertas en lo que va de año. Sus vecinos son mudos testigos de este calvario, el de ella y el de sus retoños. Los sonidos de la tortura más atroz rompen el silencio de las madrugadas estivales, cuando el calor obliga a tener las ventanas de par en par, y a que con la brisa nocturna se desparrame también un poquito de la intimidad de los hogares. Desde el suyo se emite ruido de cristales rotos, de vajilla hecha añicos... Pero los sonidos que se perciben con mayor angustia son los golpes que casi no se oyen, aquellos que se intuye son amortiguados por la carme humana, que los vuelve sordos, y que sólo se hacen más audibles cuando el impacto es tan brutal que hace que el cuerpo que los absorbe sea rebotado contra la pared. Si los golpes son para ella, todo este ritual de salvaje violencia se acompaña de chillidos de pánico y dolor. Cuando son sus criaturas quienes los reciben, los gritos se tornan desgarradores. Gritos de una madre que ve, quizás, derramar la sangre de su sangre, golpear la blandura del cuerpecito de ese ser al que un día dio la vida. Gritos de horror al no poder parar esa tragedia, de ver a su hijo perder, a borbotones, la inocencia. Leer artículo completo en Carta de Ajuste
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